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el “Misántropo” de los Kamikazes visto por un “opinador” amateur

Misántropo. Foto de Eduardo Moreno

Misántropo: fotografía de Eduardo Moreno

El 23 de abril de 2014 el mentidero de la villa de Madrid se trasladó al Teatro Español ante la mirada atenta de Lorca y Calderón, que vigilan su entrada.

Desde ese día y hasta finales de junio, una pandilla de gigantes que se hacen llamar Kamikazes , pondrán  un espejo ante la platea del Teatro para, desde él, criticar, cotillear, conspirar, reír, amar, desear, medrar, reflexionar, justificarse, ser autocomplacientes, frívolos o atormentados y lanzar cargas de profundidad a un público que necesariamente se verá reflejado de un modo u otro.

Representan (viven y hacen vivir para ser más exactos) una versión libre de Miguel del Arco sobre “El Misántropo” de Molière.

Escribo esto aún a riesgo de tener que dar la razón a Alcestes, el protagonista, que en boca de Israel Elejalde afirma que “A veces es necesario reprimir el impulso de hacer público lo que debe ser un esparcimiento íntimo”.

Soy muy consciente de no ser ningún experto, así que también sé que el hecho de sentir la pulsión de opinar solo me convierte en un “opinador” amateur más en este país de “opinadores” profesionales.

En el mes de enero vi la representación por primera vez, en Toledo, en su gira previa (ver entrada ) Me encantó, pero el día 22 de abril, en el ensayo general que hicieron en el Teatro Español, me volvía a quedar mudo y me quitaba el cráneo ante esta compañía maravillosa, inteligente, exquisita, que funciona como una máquina perfecta de hacer teatro:

El texto es impecable, vibrante, riquísimo, trasladado al día de hoy con la maestría habitual de Miguel del Arco. La producción es estupenda, eficaz. Gracias, Aitor Tejada. Hasta las proyecciones se usan con mesura, sin los excesos habituales. El más mínimo detalle está cuidado: desde la música (impagable la canción en voz de Asier Etxeandía ) hasta el vestuario (como decía Teatrera en su blog, “hasta el bajo del impresionante mono-pantalón de Bárbara Lennie tenía la medida exacta) la iluminación de Juanjo Llores o cada interpretación, tan viva y a la vez tan precisa como el dobladillo de la Lennie.

En un texto tan rico y preñado de matices, cualquiera que viva en sociedad se verá reflejado o reconocerá todos y cada uno de los planteamientos de la obra. Y disfrutará, porque básicamente todos los tipos y actitudes posibles del hombre en sociedad caben. Las que se reproducen en un grupo de whatsapp , en una organización política, en un grupo de empresas, en el patio y en las redes sociales de los alumnos de un instituto, en un grupo de tertulianos profesionales ( este también es un país de tertulianos profesionales) o en el comedor de empleados de una fábrica.

Los actores y actrices están a la altura de sus mejores interpretaciones, que es mucho decir. Israel Elejalde, en un tono más grave, está magistral ( Su mirada final, o su escena bajo la escalera, mojado como un gato, recitando “si un hombre pudiera decir lo que ama” de Cernuda, no se pagan con dinero)

Maravilloso, inolvidable el Filinto de Raúl Prieto, en un cambio de registro que a algunos sorprenderá. Está soberbio.

Cristóbal Suárez “muy de piel”, como dice su Oronte, borda su personaje, como lo hace José Luis Martínez en el antipático Clitandro.

Impagable, imborrable la escena entre la seductora Celimena de Bárbara Lennie y la “íntegra” Arsinoé de Manuela Paso. Dos animales en un mismo escenario.

Y Miriam Montilla, la de personaje más templado, el más cercano, está igualmente maravillosa. Impagable su mirada final con Filinto, reflejo exacto de la mirada de los espectadores.

En fin, una función de las que siempre recordaré. Hacía mucho tiempo que no veía tanto entusiasmo entre un público que interrumpió con aplausos en varias ocasiones y que finalmente acabó aplaudiendo en pie a un equipo que, como tal, no merece un Max, sino el Nacional de Teatro, el Príncipe de Asturias y la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

 Ernesto Arias, otro maestro, definía en un tweet lo que se vio en ese ensayo general:

“Hoy he visto Misántropo. Lo digo sin tapujos, teatralmente hablando están los Kamikaze Producciones y luego estamos el resto de los mortales”.

Nada más que añadir, solamente que no sean incautos y no se pierdan la obra de la temporada. Palabra de tuiteatrero.

Pueden encontrar entradas aquí.

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Yo soy teatrero repetidor

lafunciónporhacer

Manuela Paso y Miriam Montilla “La Función Por Hacer” Kamikaze Prod.
fotografía: Emilio Gómez

Cuando una obra me fascina salgo con ganas de volver a entrar en la sala y continuar viviendo con los personajes un rato más; de acompañar a los personajes en el futuro que yo imagino que tendrán.

A veces también repito aquello que no me atrapó a primera vista, pero intuí que tenía “algo”  que me perdía y  yo no tenía la actitud o el día para apreciarlo, en cuyo caso me concedo un tiempo para darle una segunda oportunidad. Y no crean que esto es malo, muy al contrario: en algunos casos sirve para descubrir que también existe el amor incondicional a segunda vista y en otros, para reafirmarte en tu percepción inicial y ratificar que hay mucho prejuicio, postureo y  falso consenso a la hora de emitir opiniones.

En un espectador vocacional de artes escénicas la repetición también viene dada por el ansia: por la vehemencia por  compartir lo que has gozado, de modo que  acabas repitiendo para compartir con unos y con otros.

No es barato ser repetidor, en absoluto, aunque es reconfortante, pues si es para compartir con terceros una obra que ya has hecho tuya y esos terceros –generalmente muy queridos- salen agradecidos, conmovidos o abiertamete maravillados de la función, sientes que les has ofrecido un instante propio y único y que  has hecho un bien a la parte que más te importa de la humanidad, de modo que realimentas tu buen rollo interior. Repetir, en definitiva, es un acto de puro egoísmo.

Así, por puro egoísmo, he repetido todo lo que han hecho Claudio Tolcachir y Pablo Messiez  en Madrid; El Hilo de Ariadna, de Enrique Vargas, en el 92, la Bernarda Alba de Lluis Pascual, La vida es sueño que hizo Calixto Bieito hace más de una década con Joaquín Notario, pero también la versión de Helena Pimienta  con Blanca Portillo (que vuelve en marzo de 2014 para que yo repita). Y vi dos veces a Defoe, Marina Abramovic y Antony en esa gozada perturbadora y marciana que hizo Bob Wison en el Teatro Real; más de dos repetí La Gaviota de Chéjov según  Rubén Ochandiano, con Toni Acosta, en el hall del Lara… Este vicio repetidor me viene de la adolescencia, pero eso ya es otra historia.

Teatro2013A

Este año 2013 he vuelto a las andadas con  dramas que te arrasan las entrañas como La función por hacer, Ahora empiezan las vacaciones, el malentendido o Breve ejercicio para sobrevivir;  con piezas deliciosamente líricas como Return, Desh, Diario de un loco o The Indian Queen; con espectáculos únicos e inclasificables como El intérprete, con la poesía de Pablo Messiez en  Muda o Las plantas,  con el particular universo de José Padilla en Sagrado Corazón 45 o Haz clic aquí, con la comedia negra y surreal de Juan Mairena en Cerda o con una historia tan puñeteramente cotidiana y agridulce como En construcción.  

Y me hubiera encantado repetir esa comedia de amor apocalítico que es Las Palabras, el Ubu Roi magistral de Cheek bjowl; ese Secundario entrañable de Antonio Velasco en su camerino; esas Huérfanas tiernas y manipuladoras de Jorge Calvo y José Martret o la fantasía poética de Aurelia Thierèe en Murmures des murs. Y también hubiera repetido con Fragmente,drama nórdico riguroso como una película Dogma, o con el virtuosismo hecho poesía de Noism en Nameless Hands y el virtuosismo atlético del circo contemporáneo de Les sept doigts de la main en Sèquence 8; hubiera vuelto a ser testigo de cómo se puede jugar con Shakespeare como Propeller lo hace en Twefth Night o de cómo se desnuda Wajdi Mouawad en “Seuls” para hacer un homenaje  íntimo a su maestro Robert Lèpage. También volvería a ver The Events, una maravilla de David Greig que vi en el Fringe de Edimburgo y  que espero volver a ver en  Madrid. Repetiría la cruda música de balas que nos regaló El Sol de York, el  Claudio, Tío de Hamlet, de Eduardo Mayo y Ernesto Arias,  y volvería a ver a Julián Ortega encarnando las historias de Darío Fo. Estoy a tiempo para repetir las últimas, magníficas producciones de La Casa De La Portera :  El Huerto de Guindos ( con la que Raúl Tejón confirma que la de la calle de Abades es la casa de Chéjov en Madrid)  y  MBIG  ( ¡Macbeth en la casa de una cupletista!)

Algo que tengo muy claro es que repetiré cada noviembre el Don Juan Tenorio de César Barlo y Almaviva teatro, si el tiempo no lo impide. Y que volveré a ver, en compañía de cuantos conocidos pueda, el drama de esos Quijotes – Odiseos venidos del sur que con tanto humor y amor representa un puñado de héroes africanos con Mirage Teatro.

Un caso aparte : Los Kamikazes de la repetición

Confieso que yo soy de los que descubrieron Kamikaze Producciones  tarde, con Veranentes, que repetí  puntualmente para gozarla de nuevo e  impresionar a mis queridos acompañantes. Así que ya conocidos los Veraneantes, el Juicio a una zorra, El InspectorDe ratones y hombres y La violación de Lucrecia, no podía ser que yo no conociese esa ya mítica versión  de Pirandello que habían hecho Miguel del Arco y Aitor Tejada : La Función Por Hacer. En septiembre de 2012 conseguí verla en una representación muy especial, en el antiguo Matadero de Roma… Y pude comprobar que, como casi todo el mundo decía, era  redonda, perfecta, bestial. Y lo hice en buena compañía. Lo pude compartir. Pero yo tenía urgencia por volver a compartir ese momento con más gente… Y de paso revivirlo.

Su reposición en el Teatro de la Abadía en 2013 fue un éxito absoluto para mi afán repetidor : tuiteatreros felices con postfunción larga y apasionada; amigos, compañeros, familia… todos los que me acompañaron en las sucesivas repeticiones salieron tocados por este drama eterno de personas y  personajes condenados a repetir su tragedia de por vida. Algunos no olvidarán jamás este juego magistral entre realidad y ficción. Y alguno repitió a su vez.  Conviene revisar la web de los Kamikazes de vez en cuando, por si se les ocurriese volver a desempolvar ese banco, ese caballete  y ese lienzo para seguir regalándonos a Pirandello. Así que, muy egoístamente,  solamente puedo dar las gracias a  Miguel del Arco, Aitor Tejada, Israel Elejalde, Raúl Prieto, Bárbara Lennie, Manuela Paso, Miriam Montilla y Cristóbal Suárez por ese regalo de función que con tanto egoísmo he podido repetir y compartir. De corazón.

Ya en este 2014 a punto de empezar, podré repetir muchas veces ese Misántropo que han ido rodando y del que me han hablado maravillas. El 11 de enero decidiré, por fin,  si repetiré por volver a gozarla y compartirla o por  darle una segunda oportunidad. Estoy seguro de  que va a ser por  lo primero.

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